Cuento

Supongo que una vez que empiezas, ya no puedes parar.

 

Mi cabeza últimamente es un hervidero de ideas, todo me inspira.

Empiezo buscando un tutorial sobre macramé y acabo realizando un colgante con resina epóxica...

En fin, al final tal estado de excitación tiene sus consecuencias, y la mía vino en forma de inspiración... eso sí a la tres de la mañana.

 

Realmente no sé si me desperté, con el inicio del cuento, o sí al no dormirme, la musa me inspiró...

 

Como no podía retenerlo por más tiempo en mi cabeza, el otro día, aprovechando un tiempo muerto en el mercadillo, me decidí a escribirlo.

 

Ahí va, espero que os guste.

La Artista Del Corazón

Iva Tara paseando por las calles de su barrio, cuando de pronto escuchó una preciosa melodía.

 

Salía de una tienda muy pequeñita, pero el sonido le llegaba muy nítido.

 

Decidió seguir a su instinto y entró en la tienda.

 

Es curioso llevaba casi un año realizando siempre el mismo recorrido, y hasta hoy, no se había fijado en la pequeña tienda.


Cuando entró, se vió transportada a otro mundo, a otra dimensión.

 

Además de la melodía que le había incitado a entrar, había mucha luz y unos colores cálidos la envolvían.

 

Miró a su alrededor y vió ositos de ganchillo, cuadros pintados a mano, collares, ropa, neceseres, bolsos... todo lo que veía, le llamaba la atención, pero aún así, había algo que destacaba sobre todo... la melodía.

Buscó con la mirada de donde provenía, intentaba encontrar una radio, un altavoz del hilo musical... pero no veía nada por el estilo.

 

Cerró los ojos y se dejó guiar por el sonido. 

 

Cuando ya estaba delante del objeto que lo reproducía abrió los ojos, cual sería su sorpresa, al encontrar, que esa preciosa melodía, procedía de un ovillo de hilo.

No pudo resistirse y lo cogió entre sus manos.

 

La melodía cambió sutilmente.

 

Cerró de nuevo los ojos y apreció que ahora tenía una armonía, un nuevo sonido que la acompañaba y que surgía de otro lugar.

 

Se dirigió a buscar el origen y encontró una aguja.

 

No era una aguja normal , ya que era algo grande y con la punta redondeada.

 

Con ambos objetos en las manos notó que la melodía volvía a cambiar. Ahora la acompañaba un sonido de violín. 

 

Así que, sin esperar un segundo, fue en busca del objeto que generaba el nuevo sonido.

 

Frente a ella encontró un objeto extraño que no había visto nunca. 

 

Como ya tenía las manos llenas, miró a su alrededor y vió una zona donde había cestillos con un letrero que ponía:

 

"Cógeme sin compromiso, aligeraré tus manos para que puedas proseguir tu búsqueda"

Tara no acababa de entender el mensaje, pero con lo de " sin compromiso", entendió que alguien le daba permiso, y " seguir tu búsqueda"

 

¿ que mensaje tan extraño?

 

¿ eso era lo que estaba haciendo ? ¿ Una búsqueda...?.

 

 

Al final se decidió, cogió un cestillo, y depositó en él el hilo, la aguja, y el objeto no identificado.

 

Afinó el oído y buscó el nuevo sonido que mejoraba la melodía. Sonaba acompasado, como un tambor.

 

Este nuevo tono le llevó hasta una tela, era un poco más rígida que la de su ropa, de color ocre y con el tejido  como flojo, dejando agujeritos cada dos hilos.

 

Una vez que tuvo la tela, intentó identificar un nuevo sonido, pero todos los que oía procedían de su cestillo.

 

En ese momento, se fijó que en la tienda había un mostrador en un lateral y detrás de él,  una señora que le sonreía.

 

Esa sonrisa la animó a que se acercara.

 

La mujer saludó a Tara,  miró los objetos del cestillo y comentó:

 

- Veo que es usted una artista del punto de cruz.

 

- ¿Punto de Cruz ?… yo… no se… tan solo he escuchado una melodía… y…

 

En ese momento a la mujer se le iluminó la cara, le miró a los ojos y le dijo:

 

- Oh Cielos!! Me habían explicado que existen Artistas del Corazón, personas que realizan sus creaciones por sentimiento. Son personas capaces de oír las melodías, y es a través de ella como obran su magia, creando objetos únicos que  configuran una melodía exquisita.

Tara la miró, y le contestó que ella era una persona normal, es más, tenía todos esos objetos en el cestillo, pero que no sabía lo que era el punto de cruz.

 

La mujer la miró, y le sonrió. 

 

No por ser una Artista del Corazón iba a dejar de ser normal, pero que igual que hay personas que saben nadar muy bien, otras cantar y otras cocinar.

 

Hay personas capaces de oír la esencia de las cosas bellas.

 

Eso era lo que estaba pasando.

 

Ella era capaz de oír la melodía, por lo que sería capaz de realizar el producto final siguiendo su oído.

 

Tara volvió a mirar al cestillo y le confesó:

 

- Oigo la canción pero no sé qué he de hacer.

 

La mujer se dirigió  hacia la puerta de la tienda y la cerró.

 

Se acercó a Tara y le enseñó un pequeño taller que tenía en la trastienda. En él, Tara vio un objeto igual, al que ella tenía dentro del cestillo y que aún no sabía cómo se llamaba.

 

La mujer le explicó que dicho objeto era un bastidor, le ayudó a colocar la tela y le enseño a realizar punto de cruz.

 

Cuando Tara ya había aprendido se paró en seco... Oía un nuevo sonido que armonizaba con la canción que surgía de la tela.

 

La mujer la animó a seguir el sonido y ella fue en busca de hilos de diferentes colores.

 

Tara estaba cohibida pero la señora la miró y le dijo:

 

- Sigue a la melodía, ella te guiará.

 

Así Tara cogió el bastidor y la tela y comenzó a realizar una creación de punto de cruz, sin seguir ningún modelo, tan solo guiándose por la melodía que surgía del tejido.

 

Si en algún momento el punto no era el adecuado, o el hilo no era el que tocaba, tan solo dejaba de oír la melodía.

 

A medida que fue bordando y bordando la canción cogía cuerpo hasta que estuvo completa.

 

En ese momento Tara paró y la canción continuó sonando.

 

Era perfecta.

 

Ante ella, esa tela que hace unos días era un tejido de lino ocre, se había convertido en un precioso cuadro de un pueblo muy bonito.

 

Tenía detalles increíbles.

 

De una de las casitas se podía apreciar el humo de la chimenea y a través de la ventana se vislumbraba una mesa puesta con tres comensales.

 

Tara no salía de su asombro.

 

Ella había creado ese cuadro a punto de cruz… Increíble.

 

La mujer cogió la tela, la planchó y la enmarcó.

 

Luego le dijo a Tara.

 

- ¿Ves cómo yo tenía razón, eres una Artista del Corazón?, ¿sabes qué pueblo es este?

 

Tara le contestó que nunca había visto ese pueblo, ni de visita ni en ninguna foto o libro que ella recordase.

 

La mujer le explicó que existe un lugar donde van los artistas del Corazón, allí hay más personas como ella que le podrían  ayudar y les enseñarían todas las técnicas que necesitara.

 

De esta manera cada vez que la llamara una melodía, ella tendría los conocimientos adecuados para crear la sinfonía.

 

Tara le dijo que no sabía dónde estaba ese lugar.

 

La mujer la tranquilizó y le dijo que siguiera el sonido de su corazón.

 

En ese momento Tara empezó a escuchar una melodía que salía de fuera de la tienda.

 

Regaló el cuadro a la mujer que tanto le había enseñado y marchó en busca del sonido.

 

Al final tras varios días de viajar, llegó al pueblo que ella misma había bordado y la canción salía justo de la casita  con la chimenea humeante que ella había detallado en su cuadro.

 

Llamó a la puerta y al abrirse la melodía se intensificó, allí una mujer muy amable le sonrió y le invitó a entrar.

 

Tara no sabía ni cómo empezar a contarle a esa mujer porque estaba allí.

 

Pero la mujer la animó a sentarse a la mesa y le dijo:

 

- Tranquila, yo era como tu hace algunos años, también llegue aquí siguiendo una melodía.

 

Aquí podrás quedarte todo el tiempo que quieras. Eres bien recibida.

 

Te ayudaremos y enseñaremos técnicas como coser, bordar, trenzar, pintar.

 

Pero piensa que eso son sólo técnicas que podrás desarrollar con mayor o peor destreza.

 

Lo que realmente hace algo bueno, maravilloso y único es el Corazón.

 

Si para realizar una pieza sigues la melodía y a tu corazón tendrás una pieza maestra y única.

 

Y así fue como Tara se quedó a vivir en esa casa durante un periodo de tres años.

 

Aprendió mucho, y cuando ya se vió preparada, se despidió y decidió ir componiendo las melodía que oía a su alrededor.

 

Así, llegó al pueblo de al lado, allí siguiendo los sonidos compró el material adecuado y  realizó un precioso chal.

 

Luego un costurero de madera, una pulsera, un reloj… y poco a poco fue acumulando mucho material.

 

De nuevo volvió a buscar a su mentora y le comentó el problema que tenía.

 

¿ qué hacía con tantos objetos?

 

La mujer le indicó que la gente solía ir a ferias y poner su mercancía en una parada para vender y Tara así lo hizo.

 

Gester Art
Mercadillos Associació A Mà de Cornella

Al principio todo fue muy bien, la gente compraba y admiraba sus creaciones, pero luego todo cambió, en qué momento se produjo ese cambio… Tara lo recordaba perfectamente.

 

Una persona le comentó que lo mejor para vender era especializarse en algo.

 

Tara le intentó explicar que ella seguía las melodías, pero eso a su interlocutora no le importó y convenció a Tara que eso eran paparruchas.

 

En ese momento Tara acababa de vender una bufanda fantástica y la señora le comentó  que si sólo hacía bufandas, éstas cada vez serían más ideales ya que iría depurando su técnica.

 

Tara dejó de lado los sonidos y las melodías y se dedicó a hacer bufandas, entonces ocurrieron dos sucesos que se produjeron en la misma tarde.

 

Uno fue, que Tara, por primera vez en su vida, no vendió nada en su puestecillo.

 

Y el otro, que además de frustrada, no oyó, ni lejanamente, ninguna melodía.

 

Eso le extrañó, pero pensó que debía ser su estado de frustración por no vender nada.

 

Llegó el siguiente día y seguía sin vender, además de no escuchar melodías.

 

Estaba extrañada, entonces una clienta le comentó que lo mejor era que las bufandas las adornara con una flor, que curiosamente, ella vendía.

 

Y así fue como un buen día, después de tres meses sin vender nada, Tara estaba rodeada de bufandas con flores que no le regalaban los oídos.

 

Tuvo la sensación, que alguna, incluso parecía un violín desafinado.

 

¿ Que había pasado? ¿Cómo estaba en esa situación?

 

Cogió todas las bufandas y las regaló a una ONG para niños desfavorecidos.

 

Decidió dar un paseo para despejarse.

 

Paseaba pensando en sus cosas, cuando a lo lejos, le pareció intuir el inicio de una melodía.

 

Se paró en seco… no podía ser, cerró los ojos, inspiró y se concentró en buscar ese ansiado sonido.

 

Y sí, muy lejano, pero ahí estaba.

 

Caminó en su dirección.

 

Cada vez se percibía mejor hasta que llegó al material que lo producía.

 

Era arcilla, barro.

 

Nunca en el mejor de sus sueños habría imaginado que un poco de tierra mojada le causaría tal sensación de felicidad.

 

La cogió entre sus manos, y allí junto a la fuente que humedecía la tierra, comenzó a trabajar el barro.

 

Consiguió la mejor sinfonía que habían escuchado sus oídos y ese pedazo de arcilla se había convertido en un precioso medallón.

 

Cuando llegó a casa la melodía le indicó cómo tenía que pintarlo y esta vez además le señaló el punto donde lo debía colgar.

 

Alrededor de su cuello, tocando a su Corazón.

 

Tara había recuperado su Don, volvía a ser una Artista del Corazón.

 

Comprendió que este don era único e irreemplazable.

 

Mucha gente en su camino intentó ofrecerle consejos que ella no pedía, e incluso ofertas, extremadamente generosas, por el trocito de barro que tenía colgado a su cuello.

 

Pero ella había aprendido la lección.

 

Cada cosa tiene su propia melodía, y su lugar en el mundo.

 

Si una persona no es capaz de ver la belleza de los objetos, es porque no están diseñados para ellos, no escuchan su sutil melodía.

 

Respeta la sensibilidad de todos los artistas, puede que estés delante de algún:

 

Artista del Corazón.

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